domingo, 18 de enero de 2015

Moonfleet (Los contrabandistas de Moonfleet) -Final-


El último enfrentamiento

Los ojos crispados de los contrabandistas reunidos en la taberna pasan concretamente de mirada en mirada. Rápido e insumiso, cuando el magistrado Maskew y sus guardias desaparecen de allí, Block, uno de los cabecillas de la discordia, se enfrenta a Jeremy Fox  disponiéndose a establecer su descontento por la defensa que éste muestra hacia el pequeño John Mohune. Todos aguardan a que Block hable, mientras observan casi trémulos la reacción de cuanto autoritarismo ha ejercido y sigue ejerciendo sobre el culto supersticioso, de inquietudes acobardadas, que siempre muestra el escogido grupo de contrabandistas.  





 






(Ratsey observa los versículos bíblicos de Barbarroja sin entender el porqué los números están equivocados. Mientras, Block no acepta los razonamientos de Fox para salvar al chico, y exclama) “¡Eso no nos sirve! El muchacho sabe lo bastante para colgarnos. (Fox seguro de sí mismo) El chico es mi responsabilidad. Dispondré de él a mi manera. (Block) Después de lo que vio y oyó en la bóveda no puede vivir. (Fox ironiza) Correré ese riesgo... (Block se enfurece) ¡Pues nosotros no! (Jeremy se enfrenta definitivamente al contrabandista) Esta es la segunda vez que hablas en nombre de estos hombres. Estoy pensando que te consideras el jefe (Fox se quita su casaca y se predispone a luchar con Block. Toma dos espadas) Bien, señor Block, vamos a arreglarlo ahora (Fox le lanza la espada, pero Block se revuelve y toma una alabarda colgada en una de las paredes de la taberna) Quítate de en medio (aparta Fox a John Mohune. El enfrentamiento tiene lugar, Block trata de herir a Fox esgrimiendo la mortal alabarda. Fox, avezado a la lucha, la esquiva constantemente. Y al fin, logra retener a su contrincante, desde una pequeña escalera, con una red de pesca) ¡Y bien, señor Block! (exclama esgrimiendo un puñal sobre el contrabandista) ¿quiere morir o quiere vivir? (Block aterrorizado) ¡Quiero vivir! (Jeremy Fox le perdona la vida, y John Mohune le devuelve la casaca al vencedor, mientras inquiere) ¿Se encuentra bien, señor? (Fox contesta con su acostumbrado sarcasmo) El ejercicio ha sido reconfortante. (Luego avisa a todos) El Buenaventura llegará antes del amanecer con un cargamento de cognac y sedas. Recibiréis mis ordenes. Estad en la playa preparados (al chico) ¡Vamos! (John Mohune se dirige a Ratsey y le pide el medallón de Barbarroja) Mi medallón, por favor. (Ratsey sonríe) Aquí lo tiene, señorito John. (El niño le recrimina) Lo ha abierto y se ha quedado con lo que había dentro (Ratsey vuelve a sonreír) Jovencito, ¿para qué necesito yo unos versículos bíblicos que ya sé de memoria?(John inquiere) ¿Versículos bíblicos? (Ratsey) Muy edificantes y completos hasta la última sílaba. Pero los benditos números están equivocados. No tiene ningún sentido, o al menos yo no alcanzo a comprenderlo. (Ratsey entrega al chico los versículos. John se hace con ellos y corre hacia Jeremy Fox que insiste llamándole desde el exterior de “The Halberd”


















La traición de una amante
 



Mrs. Minton oculta una misteriosa misiva cuando Jeremy Fox se presenta en la mansión. En su mirada se asoma el acorde más hondo de los celos, en el que ahora media el silencio, tras el cual asoma su manifiesta intención de no aceptar los propósitos de Fox por apartarla de él. Conoce la severidad de su amante, quien ya jamás le ofrecerá la menor alianza de ternura. Y buscará su perdición, dada la inutilidad de sus súplicas. movida por el impulso primitivo de la venganza. Fox trata ahora de imponer su autoridad en la que será la jornada última de la estancia en la mansión de los Mohune de Mrs. Minton y el pequeño John: (Voz de Jeremy dirigiéndose al muchacho, que insiste en no abandonarle) ¡No, John! No vamos a dilatar más el asunto... (El niño trata de convencer a Fox, acongojado por su decisión) Por favor, señor. Juro que no lo diré... (Fox) Lo siento John, pero bajo estas circunstancias, no tengo más elección que mandarte a las colonias donde confío que vivas mucho y mueras rico. Embarcarás esta noche. Ve a tu habitación. (El niño obedece compungido) La figura de Mrs. Minton se recorta ahora sombría, dispuesta a enfrentarse de nuevo a su amante, como movida por los antiguos privilegios que él le concediera en el pasado. Jeremy Fox la traspasa con una mirada de desagrado, dispuesto a no aceptar sus quejas: ¿Has oído lo que le dije al muchacho?... (Mrs. Minton con actitud comprensiva) ¿Lo vas a mandar fuera? Desearía que no hubiese venido nunca... (Fox) Yo también... El Buenaventura llegará esta noche. El coche os llevará a la playa a ti y al muchacho. Tan pronto como descarguemos su mercancía, subiréis a bordo... (Mrs. Minton aparta su mirada, muestra un falso ademán de indulgencia. Vuelve a su misiva que correrá ahora a manos del magistrado Maskew: “Si espera terminar con esta banda de contrabandistas y detener a su cabecilla, vaya esta noche a la playa...”) El atardecer rueda ahora sobre los acantilados de Moonfleet. Maskew y sus policías rebullen ocultos, dispuestos a caer sobre Jeremy Fox y sus compinches en el momento en que se proceda a desembarco del contrabando. Jeremy Fox, ajeno a la traición de su amante, habla con el capitán del buque, poniendo en sus manos la seguridad del pequeño John Mohune: “El señor Helier te embarcará en un carguero holandés que va a las islas. Toma (entrega al muchacho un bolsa de monedas) Será mejor que dispongas de dinero. Lo necesitarás. (John lo acepta entristecido). Adiós, pues, John Mohune (Jeremy y el pequeño se estrechan la mano. Luego John se dirige con el capitán Helier hacia el bote que habrá de conducirlo hasta el buque. En aquel momento se produce el ataque de la soldadesca del magistrado Maskew. Suenan descargas. Jeremy comprende que ha sido traicionado por Mrs. Minton, que ahora se dirige hacia él, exclamando esperanzada por recuperarlo): ¡Jeremy, es inútil! ¡Estáis rodeados! Tienen órdenes de matarte. (Mrs Minton se ha delatado a sí misma, y Fox la observa con repugnancia) ¡Maldita! (Trata de estrangularla, echándole mano al cuello, pero retumban los disparos. Las manos engarfiadas de Fox se apartan de su amante, y trata de huir entre el estrépito de las descargas de los policías costeros. Mrs. Minton cae abatida por los disparos, y el pequeño John salta de la barca que lo conduce hasta el buque y corre por la playa, dispuesto a unirse a Jeremy Fox, que halla una huida entre las peñas, perseguido por Maskew, que grita repetidamente a sus policías): ¡Ahí está Jeremy Fox! ¡No dejadle escapar! (La mayor parte de los contrabandistas han caído en la reyerta. El pequeño John, que había observado el cadáver de Block en la playa, no duda en seguir muy de cerca a Fox, que ahora ha alcanzado peligrosamente un alto recodo entre las rocas. Maskew, que también ha llegado hasta allí grita) ¡Ríndase Fox, o lo derribaré de un balazo! (El magistrado dispara hiriendo a Fox en una mano. Jeremy al mismo tiempo le lanza su pistola, y el magistrado Maskew cae desde las altas peñas, aplastándose contra los roquedales que allí amontonan).













   Los versículos bíblicos de Barbarroja

 


Jeremy Fox y John Mohune, tras arrostrar la emboscada del magistrado Maskew en la playa, se ocultan en el páramo silencioso. Descansan unos instantes entre los matorrales que amparan el paisaje desértico, y Fox observa su herida que aún sangra, causada por el disparo de Maskew y trata de vendársela. El pequeño John trata de ayudarle y propone ayudarle con la venda: la lesión causada por el disparo de Maskew: “Déjeme hacerlo, señor (Fox le aparta de sí) ¡No! Y deja de mirarme con ojos de podenco. Desde el momento  en que apareciste no me has traído más que problemas... (El niño trata de enmendar sus errores, mostrando a Jeremy Fox su agradecimiento) Me ha salvado la vida, señor. (Fox sigue sin mostrarse comprensivo) Pero eso no te da derecho a seguirme como un perrito perdido. ¿Es que no te vas a dar cuenta de una vez y para siempre que no quiero atarme a responsabilidades, deudas, lazos y obligaciones? ¡Qué habré hecho yo para que tu madre te mande junto a mí! Mira, ahí está el camino. Así que cógelo y vuelve a Moonfleet. Están buscando a un hombre con un muchacho. Serías mi sentencia de muerte. (John comprende los razonamientos de su protector y decide obedecerle. Pero antes le devuelve la bolsa que le entregara en la playa) Tenga, señor. Tome esto. (Fox se irrita) ¿Qué es eso?... (John) El dinero que me dio usted en la playa. Va a necesitarlo. (Jeremy se conturba, rechazándolo) Quédate con él... (El muchacho se muestra decidido) No se preocupe por mí, señor. Venderé el medallón del ataúd de Barbarroja. Es de plata. Esperaba encontrar un diamante dentro(Fox, sarcástico) Y no fue así, ¿eh? (John no disimula su decepción) No. Sólo un papel con versículos bíblicos y todos los números equivocados. Al menos eso es lo que el patrón Ratsey dijo. (De pronto se oyen trotes de caballos. Una patrulla de policía aparece en el páramo a la búsqueda de los fugitivos. Jeremy y John se ocultan entre los ramajes. Una vez desaparecen, Jeremy Fox se muestra interesado por el papel de los versículos, e inquiere) ¿Versículos bíblicos? ¿En el ataúd de Barbarroja? Déjame ver eso. (El muchacho abre el medallón y extrae el papel. Jeremy le echa un vistazo rápido): ¿Y dices que los números están equivocados?... (John) Eso es lo que el patrón Ratsey aseguró. (Fox empieza a leerlo) “Jeremías 51:10” (Cuenta las palabras) Una, dos, tres, cuatro, cinco, seís, siete, ocho, nueve, diez: “Tesoro” La décima palabra es tesoro... ¿Tesoro? (se asombra John. Fox sigue leyendo) “Hoy cumplo 85 años. Seis, cinco, 23 y 56: ochenta. (John pregunta) ¿Eso significa algo, verdad señor? (Fox) Es una cifra... Cuatro veintenas (señala) “Pies”, “Profundidad”, “Pozo” ¡Es un pozo! Hollisbrooke es el pozo más profundo de Inglaterra. Y tu Barbarroja, señorito Mohune, fue gobernador de la prisión de Hollingsbrooke. (John se entusiasma) Entonces es ahí donde está el diamante. (Fox duda un instante) Si es que existe ese diamante. (El muchacho se reafirma) Existe, señor. Lo sé. Y está en ese pozo. Ochenta pies de profundidad. ¿Señor, hay algún modo de bajar tanto. (Jeremy Fox, sonriente, afirma) Sí, hay un modo".








El pacto de Jeremy Fox y Lord Ashwood







Tras haber logrado ocultarse en una hospedería de Moonfleet junto con el pequeño John, Jeremy Fox, por medio de una sirvienta, envía un mensaje a Lord Ashwood. Cuando éste se presenta en la hospedería, el pequeño Mohune se oculta tras un gran barril. Ashwood lee con desagrado un pasquín clavado en la entrada en el que la Justicia ofrece una sabrosa recompensa por la caza del jefe de los contrabandistas: “El caballero Jeremy Fox se busca por asesinato. Va acompañado de un muchacho” Lord Ashwood arranca de la pared el escrito policial, hace un gesto de desaprobación dirigido al pequeño John que asoma tímidamente la cabeza, y penetra en la hospedería con el mensaje de caza y captura de Fox. En el interior una pequeña tropa de policía perteneciente al castillo de Hollisbrooke se divierte y bebe organizando una pequeña algarabía. Jeremy, oculto en una estancia con ayuda de la sirvienta, recibe a un Lord Ashwood encolerizado: (Fox ironiza) “Llega tarde, milord. (Ashwood con crudeza, refiriéndose a la sirvienta) Si su mensajera no hubiera sido tan persuasiva no habría venido. ¿Cómo se le ocurre? ¡Sacarme de la cama a las tres de la madrugada! (Y sobre la mesa frente a la que se sienta Fox deposita airado el aviso de recompensa por su captura. Fox lo lee y comenta con su característica ironía) Les agradezco que me trataran como un caballero. ¿Quiere beber algo? (Ashwood vivamente despreciativo) No bebo con delincuentes a quien buscan. (Fox sonríe) ¿Ni siquiera por nuestra sociedad, milord? (Éste se muestra sorprendido) ¡No tenemos ninguna sociedad! (Jeremy insiste) Se equivoca, Ashwood. He decidido aceptar su oferta. (Ashwood mordaz) Mi querido Fox, para exponerlo claramente, ya no tiene las cualificaciones necesarias (Fox replica con idéntica causticidad) Citando sus palabras, milord: cerebro, coraje y ¡capital!... (Ashwood insiste) Capital, especialmente. (Fox rebate su descrédito) Pero estoy a punto de entrar en posesión de una herencia inesperada. (Ashwood se ríe incrédulo) ¡Enhorabuena! ¿Pero no estará usted vendiendo la piel del oso antes de matarlo? (Fox) Deme tiempo para matarlo. (Ashwood lo rechaza) Lo siento. Salimos para Rótterdam mañana por la noche. (Jeremy Fox muestra una conformidad desconcertante) Entonces hasta mañana por la noche a las diez en punto. Detenga su coche en el recodo de North Cove Road. Y si le convenzo de que soy un socio digno de tener entonces me llevará con usted. (Ashwood  dubitativo) ¿Y si no puede convencerme? (Fox señala el pasquín de recompensa) Le quedan esas cien guineas de consolación. (Ashwood responde casi convencido) Muy bien. Pero no estará pensando en llevarse a ese muchacho ¿verdad? Quizá pueda salvarle de la horca, pero no con ese crío colgado a sus faldones. (La mirada de Jeremy muestra cierta sombra de duda. Ashwood insiste) ¿Está de acuerdo? (Fox asiente, Ashwood exclama) ¡Tendrá que deshacerse de él! (Ashwood se dirige hacia la puerta de salida y Fox ironiza a fin de herir la susceptibilidad del esposo engañado que en realidad es el despótico aristócrata) ¿Debo presentarle mis respetos a Lady Ashwood? Dígale que ansío complacer nuestra futura sociedad. (Ashwood abandona la estancia dando un portazo. Fox recoge el aviso de recompensa, y lo lanza al fuego de la chimenea. Se asoma al salón de hostería donde la soldadesca sigue con su algarabía y hace un gesto a la sirvienta para que se lleve al Mayor de Hollisbrooke a una habitación de la parte alta. La sirvienta asiente y arrastra entre risas al Mayor. Uno de los policías exclama): “Aprovéchese Mayor. Recuerde que entra en servicio a las ocho. (Otro policía también ironiza) ¿Dónde va ahora? ¡Jaja, ese no es el camino de Hollingsbrooke!... ¡Maldito ejército! (exclama el Mayor abrazándose a la sirvienta, que lo conduce escaleras arriba) ¡Desde luego, Mayor,... desde luego! (ríe la tropa. Otro con insinuación) Pero siempre queda tiempo para echar una cabezadita bien acompañado... ¿Tiempo? ¡Claro que hay tiempo! ¡El mayor Hennishaw dará una cabezadita hasta por la mañana! (Jeremy Fox sale furtivamente de la habitación en que se oculta y sube hacia la parte alta de la hostería. Poco después, el pequeño John Mohune ve aparecer a su protector con el uniforme de Mayor. Fox le pregunta satisfecho) ¿La vela está lista? ¿Y la cuerda medida? (John responde con idéntica satisfacción) ¡Sí, señor! (Y se lleva la mano a la frente efectuando un saludo militar. Jeremy le advierte con más seriedad) Ahora escucha con atención, jovencito. Esto no es un juego. Así que entendámonos de una vez. Si hoy sale algo mal cada uno se apañará como pueda. Y si tengo que abandonarte, no lo dudaré ni un instante. (John duda con afecto de las palabras de Jeremy) No creo que haga eso, señor. (Fox insiste) Estás muy equivocado. Si hubieras sido mi hijo (John con alegría) ¡Sí, señor! (Fox contrariado)... ¡Te hubiera enseñado a no confiar en nadie! (John) Pero usted es mi amigo, señor. (Fox) Yo soy tu socio... En una aventura peligrosa. ¿Está claro? (El pequeño John Mohune bromea repitiendo la máxima de Jeremy Fox) El ejercicio será reconfortante. (Fox, finalmente, acaba por sonreír. Llama a un cochero) ¡Eh, cochero!... La fortaleza de Hollingsbrooke se divisa ya a lo lejos.   

El pozo de Barbarroja
















































La fortaleza prisión de Hollingsbrooke acoge a multitud de vagabundos, vendedores y visitantes de toda laya. John Mohune, tras haber abandonado el coche en que viaja con Jeremy Fox, espera disimuladamente a ser requerido por él que baja ahora del mismo, junto a la entrada del castillo. (Fox, al cochero) Espéreme por allí. (Luego se dirige al muchacho fingiendo no conocerle) ¡Eh, chico, ven aquí! (John le sigue el juego) ¿Es a mí, señor? (Fox) ¿Quieres ganarte una moneda?... Sí, señor... Entonces, sígueme. (Ambos penetran en Hollingsbrooke, a cuya entrada son registrados todos los visitantes y vendedores. Uno de los guardas requiere a Jeremy Fox) ¡Mayor! (Fox finge un gran enojo, deteniéndose) ¿Cómo? ¿Un centinela abandonando su puesto? (El guardia se ve obligado a cumplir con su deber) Señor, la contraseña... (Fox se muestra más y más autoritario) ¿Es esta una de las prisiones militares de su Majestad o es una feria? (El guardián insiste) Pero, mayor, mis órdenes son... (Fox le interrumpe) ¡Sus órdenes son permanecer de guardia! ¿Qué es eso que lleva encima? ¿Un uniforme? ¿Quién es su superior?... El teniente Upjohn, señor... Preséntele mis respetos. Y si alguna vez tengo la ocasión de inspeccionar su guardia, espero ver soldados británicos que parezcan soldados británicos (sigue increpándole Fox) ¡Retírese! (Cuando el guardián cede, Jeremy Fox resopla con alivio ante la mirada divertida del pequeño John. Por fin penetran en el gran patio cerrado del castillo donde se halla el famoso pozo): “¿Estás preparado? (inquiere Jeremy al muchacho)... Sí, señor (Fox extrae el cubo del pozo y John se introduce en él. Un pobre asno hará girar la enorme rueda, con palanca de frenado, que mueve la cuerda en ambas direcciones hacia el interior del pozo. Fox la pone en marcha y el pequeño empieza a descender, observando con gran atención las paredes iluminadas por un velón. De pronto, aparece el guardián del pozo y se dirige a Jeremy Fox):“¿Ocurre algo, mayor? (Fox se muestra inquieto) ¿Quién es usted?... Soy el guardián del pozo. (Fox vuelve a mostrarse autoritario) ¿Y me pregunta si pasa algo? ¡Ha estado vendiendo agua a los prisioneros! ¿Por qué? (El guardián lo niega) Eso no es así, yo... (Jeremy se finge encolerizado) Con que vendiendo agua a los prisioneros y ocultando sus ganancias ahí dentro, ¿eh? (El guardián se defiende) ¡Que caiga muerto, señor, si yo hiciera una cosa como esa! (Fox sarcástico) Si yo estuviera en su lugar no tentaría a la Providencia... (Suena la voz del muchacho desde abajo) ¡Señor Fox, señor Fox! (El guardián cada vez más extrañado se asoma desde el brocal y pregunta) ¿Quién es ése? ¿Y qué demonios hace ahí abajo? (Fox le increpa de nuevo) Probando su inocencia, si es que es inocente. ¡Muchacho!... (John) ¡Sí, mayor! (Fox le grita) Sigue con la búsqueda (Y dirigiéndose al guardián que empieza a sospechar, le dice) ¡Muy bien, bájele más. (El guardián sostiene la palanca de freno. John sigue observando las paredes del pozo hasta que finalmente en un ladrillo observa que se halla inscrita la letra “Y” de Barbarroja. Balancea varias veces el cubo y logra arrancar el ladrillo. En una oquedad se halla una bolsita y en su interior el diamante del pirata. El guardián del pozo se ha quedado observando le herida de la mano de Fox. Suena la voz satisfecha del muchacho) ¡Lo he encontrado, señor! (El guardián increpa a Fox) ¿Encontrado qué? (Jeremy no le contesta, tan sólo ordena) ¡Súbalo! (Mientras la rueda empujada por el asno va subiendo a John lentamente, el guardián  se dirige de nuevo a Fox) Veo que tiene ahí un recuerdo de la guerra, mayor. (Fox observa su mano vendada y responde) Sí, lo mismo que casi todos los que hemos servido en Francia. (El guardián no le cree) No se donde se ha hecho eso, amigo, pero no ha sido precisamente en la guerra. El Décimo de Infantería Ligera es un regimiento de guarnición, y ha estado estacionado en Hollingsbrooke los últimos seis años. (John se halla por fin en el brocal del pozo, aunque todavía en el interior del cubo. El guardián toma el freno para lanzar al niño hacia abajo. Fox  grita) ¡Suelte ese freno! ¡Es una orden! (El guardián se enfrenta a Fox) ¡El juego ha terminado! (y se lanza sobre el niño para arrebatarle la bolsa que lleva en la mano) ¡Dame lo que has encontrado o te mando abajo! (Fox golpea con fuerza al guardián, dejándole inconsciente. Saca a John  del pozo y el niño le muestra el diamante) ¡Ya lo tenemos!... (Fox le hace un gesto imperioso) ¡Hay que salir de aquí!... (Una vez fuera del patio cerrado, se encuentra con una sorpresa: el teniente Upjohn de vigilancia ha formado a la tropa para que el mayor pase revista): “Señor. Tengo el honor de presentarle la guardia para su inspección. (Fox indica a John) ¡Ve tú delante!... (Saluda al teniente y se ve obligado a fingir, inspeccionando a los soldados. De pronto aparece un carruaje entre la multitud que se agolpa en el patio abierto de la fortaleza. El verdadero mayor Henninsway aparece en paños menores y es objeto de irrisión de todos los que por allí se amontonan. Un guardián se dirige a él y le pide la contraseña): ¡Deme la contraseña! (El mayor Henninsway grita) ¡Que aspen a la contraseña! ¡Soy el mayor Henninsway, idiota! (Fox que se percata de lo que está sucediendo trata finalmente de escabullirse, y acaba la inspección a toda prisa): “Bien mis felicitaciones, teniente. (Cuando aparece es reconocido por el mayor) ¡Detengan a ese hombre! ¡Deténganlo, es un impostor! (Fox se lanza hacia un caballo y huye cuanto antes. El mayor ve al niño y ordena  enfurecido a la guardia) ¡Ese muchacho! ¡Estaban juntos! ¡Detenedle! (John corre por entre los puestos de venta, tratando de evitar a sus perseguidores. Fox, observando lo que sucede, se detiene, y regresa hasta donde se halla el muchacho. Le toma de un brazo y lo sube a toda prisa a la grupa del caballo, huyendo a todo galope de la fortaleza de Hollingsbrooke)...

El adiós de Jeremy Fox


































































Ocultos en una pequeña cabaña de la playa, tras la aventura vivida en el castillo, John duerme en una yacija. Despierta y mira a Jeremy Fox que observa fijamente el mar desde un ventanuco: “Creí que se había ido, señor. (Fox responde con cierto escrúpulo de conciencia) ¿Irme? ¿Adónde? (John, esperanzado) A la playa, señor. A buscar el bote. ¿Está todavía allí? (Fox con seriedad) Sí, todavía está allí. (Luego observa el diamante que sostiene en una mano. John sigue hablando) Mañana a estas horas estaremos atravesando el canal, ¿verdad, señor? Sabía que no lo haría. (Fox contrariado) ¿Hacer qué? (El muchacho responde con ingenuidad) Dijo que me abandonaría. Pero no lo ha hecho. (Fox lanza una leve sonrisa) Vuélvete a dormir. (John se acurruca en el camastro y susurra casi adormecido) Mi madre estaba preocupada porque no fuera pobre. Ahora somos ricos. Creo que le hubiera gustado que hubiésemos vivido juntos en la casa señorial, ¿verdad? (Fox asiente)(El muchacho sigue hablando hasta adormecerse) Pero ahora nunca volveremos allí... (Fox entristecido) Tú puedes... yo no. (John) Entonces yo tampoco. En las colonias, cuando vendamos el diamante, tendremos una casa como la de mi madre, ¿verdad? Con establos para cien caballos... y fuentes... (John  se duerme al fin. Jeremy Fox le observa conmovido, indeciso. Finalmente, se guarda el diamante y se dispone a reunirse con los Ashwood. Antes de dejar al niño le deja una nota junto a la vela encendida en una especie de mesita que está junto al camastro: “La casa de tu madre, por tu bien, no debió confiársela nunca a Jeremy Fox”... Sale de la cabaña, y desde una alta duna observa el destartalado refugio donde duerme confiado el pequeño John Mohune.Cuando Jeremy Fox llega a North Cove Road. Un destacamento de soldados pasa muy cerca y se esconde tras una roca. Poco después aparece el carruaje de Lord Ashwood. Una vez detenido el coche, asoma por la ventanilla: “Encantado de verle mi querido Fox. (Jeremy saluda a su esposa) Milady (Ella sonríe, complacida y dice su nombre) ¡Melissa! (Fox hace ademán de subir, pero Jammie Ashwood se lo impide, sosteniendo la portezuela, preguntándole): “La cuestión es si seremos socios (Fox contesta) Sí, somos socios (y penetra en el carruaje ante la complacencia de Melissa. Ashwood desconfía de Fox) No le parecerá incorrecto si le pido que me muestre algo de su buena fortuna. (Jeremy extrae de su casaca la bolsita con el diamante y se la entrega. Los Ashwood se quedan atónitos observándolo. Melissa exclama) ¡Oh, nunca he visto nada tan!... Al menos debe valer... (Ashwood entusiasmado) ¡Por todos los diablos, señor Fox! Esto es lo más notable que... ¡Le felicito! (Jeremy le arrebata el diamante de la mano y lo vuelve a guardar en su casaca, argumentando) ¿Satisfecho?... (Y ordena al cochero que se ponga en marcha. Jammie Ashwood extrae una petaca de whisky y ofrece a Fox, tras su primer sorbo) ¡Por usted, Fox! Y por nuestro futuro. (Fox acepta el trago con escasa complacencia. Jammie vuelve a hablar) He echado de menos los años que hemos estado separados. Somos el uno para el otro, los dos juntos. (Melissa sonríe entrometida) ¡Los tres juntos! (Y tomando el brazo de Fox inquiere) ¿Dónde lo encontró, Jeremy? ¡O no debo preguntarlo! (Ashwood) Es una reliquia familiar, querida. Nuestro amigo se ha encontrado con una herencia inesperada. (Melissa, observando la taciturnidad de Fox) Pues no parece alegrarse de ello demasiado... ¡Oh, su pobre mano! (La acaricia) Tan pronto como estemos a bordo me ocupare de ella... ¿quiere? (Fox no contesta y otea el camino desde la ventanilla. Ashwood le informa con su peculiar causticidad) ¿Sabía usted, Fox, que ahora ya ofrecen 300 guineas por su captura? Su valor se ha triplicado,... vivo o muerto. (Melissa ironiza coqueteando) Cada momento que pasa se hace usted más valioso. (De pronto una patrulla de vigilancia detiene el carruaje) ¡Alto! ¡En nombre del rey! ¡Detengan los caballos! (El teniente de la tropa) Echemos una mirada a los pasajeros. (Ashwood se asoma colérico) ¿Qué diablos pasa aquí? (El teniente) Su nombre, señor. Y destino... (Jammie airado) El destino es el puerto de Poole. En cuanto a mi nombre creía tener la impresión de que esta corona (señalando la que se dibuja en la portezuela del carruaje) no era desconocida en estos lugares. (El teniente se excusa) Le ruego me perdone, Milord. Es que buscamos a un criminal llamado Fox y a un muchacho... (Ashwood le impide continuar, exclamando) ¡Bien, pero es imposible que los dos viajes conmigo! ...  ¡Claro Milord, desde luego que no. Es completamente imposible. Pero rogándole perdón a su señoría, yo tengo mis órdenes. Todos los carruajes deben ser revisados (El teniente observa mientras habla el interior y acaba sonriendo ante el desconcierto de Ashwood. Su esposa besa apasionadamente a Fox, encubriendo su rostro, y exclama) ¡Padre, ¿no sabe el teniente que tenemos mejores cosas que hacer que pasar la noche hablando con él? (El teniente inquiere ante la mirada turbia de Ashwood) ¿Es su yerno, Milord? (Jaime constata de mala gana) Sí,... luna de miel! (El teniente le felicita) ¡Enhorabuena! No habrá más retrasos en el viaje de su señoría. (Ashwood) Bien, bien... buena caza. Espero que atrape a esos dos pájaros... ¡Los cogeremos, Milord,... vivos o muertos! (Cuando el carruaje se pone en marcha pasando el puesto de vigilancia, Ashwood recrimina a su esposa con disimulo) ¡Muy ingeniosa tu treta, querida. Has salvado la vida a nuestro amigo. (Melissa) Eso vale casi un diamante, ¿no es así? (Fox confuso y misterioso) ¿Usted cree? (Ashwood) Suerte que el chico no estuviera con nosotros. Te hubiera puesto en apuros, incluso a ti, Melissa. Y yo me hubiera visto obligado a decir que era mi nieto... A propósito, Fox, ¿qué ha hecho usted con él? (Jeremy empieza a arrepentirse y se muestra más y más sombrío. Ashwood sigue preguntando) ¿Matarle para desembarazarse de él? (Jeremy le lanza una mirada de ira) ¿Lo aprueba? (Melissa interviene despreciativa) Los niños son como la peste. No comprendo como hay alguien que pueda aguantarlos. (Jammie Ashwood) ¡Ese condenado crío me derramó encima un vaso de vino! Se tiró hacia mí porque le llamé canalla. ¿Lo recuerda, Fox? ¡Un auténtico tigre! (Observa que el rostro de Jeremy se halla cada vez más demudado) Debería estar más contento, Fox. Personalmente, yo estoy encantado. Sobre todo conmigo mismo. (Fox irónico) Tiene razones para estarlo. (Ashwood) ¿Qué le parece? En menos de media hora estaremos a bordo del barco camino de una nueva y cómoda vida. Dudo de que en este mundo hayan tres seres más afortunados que nosotros. (Jeremy Fox se encoleriza de pronto, harto de escuchar a los piratas Ashwood, y arrepentido por haber abandonado al pequeño John, abre la portezuela del carruaje y grita al cochero) ¡Pare! ¡Deténgase, cochero! (El matrimonio Ashwood no da crédito a lo que sucede. Jammie exclama) ¿Qué le pasa? (Fox decidido) Vamos a volver. Dele la vuelta al coche. (Fox ha salido ya del carruaje y Ashwood se mantiene en la puerta del mismo) ¿Está usted loco, Fox? ¡No pienso volver! (Fox empuña una pistola y lo encañona) Pero este coche sí... Con o sin ustedes (al cochero) Y ahora tome el camino hacia la playa. Si alguien intenta detenerle, siga adelante. (Ashwood hace un gesto al cochero que se lanza sobre Fox. Éste le dispara. Jammie extrae una espada oculta en su bastón, y atraviesa con ella la espalda de Jeremy Fox. Melissa exclama) ¡¡Jeremy!!. (Un nuevo disparo de Fox alcanza a Jammie Ashwood que cae herido de muerte. Los caballos se desbocan arrastrando el coche con Milady Ashwood en su interior que grita de terror, y acaba destrozada en el carruaje ya caído a lo lejos. Fox dando traspiés, con la tremenda herida en su espalda, vuelve como puede, a escondidas, hasta la cabaña de la playa donde el pequeño John sigue dormido. Fox le despierta ahora con afecto) ¡John!... (El niño se despereza y pregunta) ¿Es hora de partir, señor? (Fox que ha recogido la nota que dejara al marcharse, moribundo, apenas si puede hablar y contesta) No, todavía no. (John se preocupa) ¿Es que pasa algo? (Fox con voz entrecortada) No, no. Sólo que cambia... remos nuestros planes. Quédate aquí hasta que amanezca. Después tienes que vol... ver a Moonfleet. Busca al párroco Glennie (le pone el diamante en la mano) Dale el diamante y cuéntaselo todo. (John no entiende lo que sucede) ¿No vamos a marcharnos juntos, señor? (Fox susurra dolorido) Si alguien  te detiene dile que yo te retenía y que te has escapado. (John entristecido) Pero, señor, es que no quiero irme sólo, sin usted. (Jeremy ya sin fuerzas) No siempre podemos hacer lo que queremos, John. Nece...sito al...guien aquí, en casa,... en quien confiar. Al... guien de quien de... pender hasta que vuelva (El muchacho acepta contristado) ¿Pero volverá pronto? (Fox, miente) Tan... pronto co...mo pueda... (Levanta la barbilla del muchacho que se halla a punto de sollozar) ¿Pue...do confiar en ti? (John reafirma) Sí, señor,... si cree que es lo mejor (Fox) Es ... lo mejor (Jeremy le mesa su rubio cabello con afecto, y casi sin fuerza se dirige hacia la puerta de la cabaña. Le mira una vez más) Bue... na suerte, John Mohune...  (John cariacontecido) Buena suerte, señor. (Fox sale hacia la playa. John le observa alejarse desde el ventanuco, mientras se dirige hacia la barca... que no tardará en alejarse con Fox moribundo)... (Al día siguiente, John, acompañado de la pequeña Grace y del pastor Glennie abre la de par en par la verja de la vieja mansión de los Mohune. Glennie comenta) Es la primera vez que estas puertas se han abierto desde hace doce años. (John exclama) ¡Tienen que estar abiertas! No sabemos cuando volverá a casa. (El pastor inquiere) ¿Jeremy Fox? ¿Estás seguro de que volverá? (John Mohune sonríe confiado y feliz) ¡Sí,... es mi amigo!... Penetran en el jardín...





THE END





CAST:
          
           
            
             
             
             
             
             







































 









FRITZ LANG: un universo acosado por el expresionismo











 

Friedrich Christian Anton había nacido en Viena el 5 de diciembre de 1890. Sus progenitores, el arquitecto Anton Lang y Paula Schelesinger, hebrea, enraízan sus origenes en Moravia, Polonia. Su madre, convertida al catolicismo cuando el pequeño Friedrich contaba 10 años, influye decisivamente en la educación religiosa de su hijo, ascendiente éste que se vería repetidamente reflejador en su futura carrera como director cinematográfico. En la Technical University  de Viena se inicia en estudios de ingeniería, aunque acaba persuadiendo a sus padres de que su verdadera vocación se halla encaminada hacia el Arte. En 1910, con 20 años, abandonará Viena, convencido de que tan sólo el anhelo por conocer el mundo podrá conceder a sus ambiciones artísticas el mejor de los ímpetus compensadores. Recorre la mayor parte de Europa, y una parte de África y Asia, hasta que en 1913 decide radicarse en París para estudiar pintura.


El estallido de la I Guerra Mundial resulta determinante para su regreso a Viena. Se incorpora al servicio militar y  en el frente ruso y rumano es herido tres veces. Ingresado en un hospital durante 1916 para recuperarse de sus heridas y de los traumáticos horrores (shell shock) vividos en los campos de batalla, su andamiaje ideológico, a lo largo de su convalecencia, empezará a versar sobre la posibilidad de memorizar y escribir sobre todo cuanto ha vivido; testimonios reforzadores de cuantas tendencias "expresionistas" habrá de volcar en su futura carrera como director cinematográfico. Licenciado en 1918 con el rango de teniente se estrena como actor en Viena por un corto tiempo antes de ser contratado como escritor en la German and European Film Industries (1920 a 1930), productora de Erich Pommer, que formaría parte del movimiento "Expresionista Alemán" durante los años del cine mudo, como jefe de producción en Decla-Bioscop, y a partir de 1924 hasta 1926 en Ufa.

Pommer, que abrió las puertas definitivamente a Lang como director cinematográfico, produjo muchas de las películas más conocidas de la Weimar Republic: "The cabinet of Dr. Caligari" (Robert Wienne,1920), "Dr. Mabuse, the gambler" (Fritz Lang, 1922), "Die Nibelungen" (Fritz Lang, 1924), "Michael" (Carl Teodor Dreyer, 1924), "Der Letzte Mann" / "La última risa" (F.W. Murnau,1924), "Variety" (E. A. Dupont, 1925), "Tartuffe" (F.W. Murnau, 1926), "Manon Lescaut" (Arthur Robison, 1926), "Faust" (F.W. Murnau, 1926), "Metrópolis" (Fritz Lang 1927) y "The blue angel" (Joseph von Sternberg,1930).

 
Con la llegada del movimiento Nazi, Ufa rescindiría su contrato con Pommer, que en París crearía, de acuerdo con la Fox Norteamericana, la Fox Europa, donde produjo "On a volé un homme", 1933, dirigida por Max Ophüls, y "Liliom", (1934) de nuevo con Fritz Lang como director. En 1936 intervino en las producciones "Fire over England", 1936 y "Farewell again", 1937, de los estudios London Films de Alexander Korda.Tras su etapa en Hollywood, en estudios como la Paramount, MGM y RKO, volvería a Alemania en 1946. En 1951 crearía la productora Intercontinental Film GmbH. Conseguiría el Golden Globe Award for Best Foreign Film 1955 con "Kinder, Mütter und  ein General". Su fallecimiento tuvo lugar en  Los Ángeles, EE.UU., en 1966.




"German Expressionistic Movement"
Por medio de su contrato con Erich Pommer, primero en Ufa y luego en Nero-Film, Fritz Lang se integra de inmediato en el "Expressionistic Movement", ya en alza durante la década de los 20. Pommer le dio su primera oportunidad como director en "The Müde Tod" ("Destiny"), 1921, una historia que se estructuraba con tres historias ("Arabian nights" en Persia, un romance en la Venecia del Renacimiento, y una aventura situada en China), y que, merced a sus magníficos efectos especiales, se encuadraba ya perfectamente en el citado "Expressionistic Movement". En 1920 conoce a la actriz y escritora Thea von Harbou, con la que contrae matrimonio. A partir de entonces, en el período de 1921 a 1933, Thea interviene como coguionista de su marido en "Dr. Mabuse, der Spieler", "Die Nibelungen", y la imprescindible y futurista  "Metropolis".
En 1931 rueda su primer film sonoro "M", una inquietante historia de un asesino de niños (Peter Lorre en su primer papel protagonista como el serial-killer Hans Beckert) que es cazado precisamente por el hampa de Berlín, que se encargará de juzgarlo en un oculto almacén. Cuando los enfurecidos apresadores están a punto de matarlo, llega la policía arrestando a Beckert y al resto de los hampones. Cinco jueces se prepararán para emitir un veredicto sobre Beckert. Pero antes de que se anuncie la sentencia, el plano del film ofrece a tres de las madres de las niñas asesinadas llorando. Una de ellas, la madre de la pequeña Elsie Bechmann (la única víctima que aparece en la película), exclama "Ninguna sentencia nos devolverá a los niños muertos. Hay que vigilar más de cerca a los niños". Y tras el fundido en negro de la pantalla añade con marcada amargura: "Todos".


 Dr. Mabuse
En 1932 filmará "Das testament des Dr. Mabuse". Tras la subida al poder de Adolf Hitler en enero de 1933, el nuevo régimen Nazi prohibe la exhibición  del film en las salas alemanas por considerarlo una incitación al desorden público. Lang, en efecto, no había dudado en poner frases usadas por los Nazis en boca de la protagonista. Thea von Harbou no duda en simpatizar con el nuevo Régimen Político que impone Hitler y se une a la NSDAP (Partido Nacionalsocialista Obrero Alemán) en 1932. El divorcio, ya inevitable, se produciría en 1933. Lang era consciente de que las  leyes de Nuremberg no tardarían en identificarlo como judío a pesar de que su madre hubiera sido una católica romana convertida, y que él fue criado como tal. Joseph Goebbels, Ministro de Propaganda Nazi, no dudó en convocar a Lang en sus oficinas para informarle de que su film "Das testament des Dr. Mabuse" seguiría prohibida en Alemania, pese a haberse sentido muy impresionado por la película y por su talento como director del mismo, especialmente en "Metropolis". Durante aquella visita Goebbels le informó que había decidido nombrarle Jefe de Estudio de Cine Alemán en UFA. Lang no se mostró favorablemente dispuesto a aceptar el cargo. Según declararía, Goebbels le invitó a responder escuetamente y sin perífrasis. Lang sabía que su negativa a aceptar la oferta del entronizado Ministro Nazi no tardaría en hacer estallar la tormenta. Ya había decidido marcharse de Alemania, y antes de que los obstáculos que se opusiesen a su huida se cernieran ante él, abandonó subrepticiamente el país aquella misma noche.

Radicado en París, aquel año de 1934, dirigió "Liliom" de Ferenc Molnár, protagonizada por Charles Boyer. Esta fue la única película de Lang en francés. Adolf Hitler, su ceño dictatorial y el encumbramiento de su amenazador contingente bélico traían en jaque la política europea. Lang había expresado sin reservas que el nuevo régimen alemán acabaría por desencadenar una segunda contienda en el continente, quizás mucho más terrorífica que la primera. Y profundamente convencido de ello, no dudaría en emigrar a Estados Unidos en 1936.
La eficacia narrativa de Fritz Lang, su lenguaje visual expresionista de una prioridad estética que supo repudiar los efectismos formales hasta entonces en plena efervescencia en la cinematografía norteamericana, le abrirían de inmediato las puertas de Hollywood. Contratado por el gran Estudio MGM, dirigiría su primera película estadounidense "Fury" en 1936, un drama estremecedor, protagonizado por Spencer Tracy, en el cual un hombre injustamente encarcelado por un delito que no ha cometido, se ve escarnecido por una masa enfebrecida que pide su linchamiento, y entre imágenes truculentas de odio y ferocidad, acaba prendiendo fuego a la prisión donde se supone que el presidiario perecerá entre las llamas. La película ofrendaba una nueva dimensión imaginativa, insólita y subjetivista de la venganza, de la justicia y del castigo. Las imágenes que ofrecería Lang del desquiciamiento diabólico de los rostros entre la multitud poseen, aún hoy, ese clima asfixiante, terriblemente peligroso, cruel y sanguinario a que nos puede abocar todo fanatismo enceguecido.
En 1939, Fritz Lang decide naturalizarse como ciudadano de los Estados Unidos. Su filmografía norteamericana se movería casi exclusivamente a través de las sinuosidades del cine policíaco, que convertiría así en su género predilecto. En el penetrante estudio que Lang ofrendaría sobre todo tipo de colectividades, ya fueran enclavadas en los temas criminales de mayor actualidad en la Norteamérica que lo acogió, o durante el exterminio físico que significó para el siglo XX la II Guerra Mundial, prevalecerá siempre el gran drama del hombre acosado que debe enfrentarse a la corrupción, la injusticia y el asesinato. El rigor de sus exposiciones, en consecuencia, no alcanzará tan sólo a la moral, sino a la social (en especial en su apartado criminalista) y política (entroncada sobre todo en el belicismo y la barbarie Nazi).
  

 



Cine "noir"
Ante las lacras y los errores de una sociedad por la que se mueven personajes que viven sometidos a las transformaciones considerables y negativas de aquel tan cacareado y modélico way of life norteamericano, Fritz Lang no dudará en presentarnos el modelo de su postura hostil capaz de convertir al hombre en su propio monstruo, y cuyos elementos más sádicos formarán los resortes estilísticos del nuevo expresionismo de su cine hollywoodense, bautizado como "noir".  Bástenos recordar la brutal secuencia sin concesiones de una de sus más famosas películas negras: "Te big heat", 1953, en la que Lee Marvin lanza café hirviendo sobre el rostro de la inigualable Gloria Grahame, acto de sevicia que la víctima, parapetada en la oscuridad, repetirá en la cara del asombrado gangster, con un patético acento de vindicativa veracidad, potenciando la negrura agobiante y estremecedora que dará cima a la película.
La orientación cinematográfica norteamericana durante la segunda parte de la década de los 50, al enfrentarse al desafío que propuso la televisión, va desplazando a los grandes maestros de anteguerra. Los años de posguerra no fueron, en consecuencia, muy afortunados para los veteranos artífices de Hollywood. Y es que la creación en los Studios de la Meca del Cine empieza a interesarse más por el negocio de producción. Y una de las constantes más patentes de los films que se producen en dicha década girará casi siempre en torno al comportamiento atrabiliario de sus hombres y mujeres, indefectiblemente abocados al fracaso. También por tanto el estilo visual de Fritz Lang acabará simplificándose, sucumbiendo, con mayor o menor fortuna,  como sucedería con casi todos los grandes realizadores, a esa nueva cosmovisión pesimista propuesta por la mayoría de los films de mediados de los 50. Las últimas películas de Lang en Hollywood: "While the city sleeps" y "Beyond a reasonable doubt", ambas realizadas en 1956, adolecen ya de un estilo frío y funcional, que ofrecen todos los síntomas de una progresiva decadencia.


Pese a todo, en 1955, acometería sin excesivo convencimiento, ya que se apartaba por completo de su más abundante y representativo género, casi siempre enfocado hacia el ámbito de lo criminal,  la dirección de "Moonfleet", 1955, la única película de su filmografía que se adentraría en el más genuino estilo de aventuras, tal y como proponía la novela de John Meade Falkner en que se basa, (si exceptuamos naturalmente sus tres  incursiones en el Western, "The return of Frank James", 1940, "Western Union", 1941, y "Rancho notorious", 1952, o su visión bélica en su más pura concepción patriótica de "American Guerrilla in the Philippines" 1950)

El reto y respuesta de Fritz Lang al expresionismo cinematográfico en Hollywood, y al que, junto con su primer mentor Erich Pommer, ambos se habían integrado en su extraordinaria etapa alemana de anteguerra bebiendo en las fuentes (como muchos historiadores indican) del famoso film de Paul Wegener y del danés Stellan Rye "Der student von Prag", 1913, había, en efecto, consolidado su fructífera carrera durante la década de los 40 y la mitad de los 50 en la gran Meca del cine estadounidense. En consecuencia la deuda con el cine alemán de sus numerosos films "noir" es enorme, ya que las atmósferas cerradas y opresivas, las obsesivas incertidumbres sobre el funcionamiento de la justicia, y sus cuidadosos estudios sobre las conductas del hombre en la sociedad de su tiempo y el estricto realismo del desvalimiento al que por lo general se ve sometido, (modélica e inolvidable fue su nueva adaptación de la novela de Emile Zola "Human Desire") enriquecieron y abrieron nuevos horizontes a la cinematografía americana. Pero la carrera de Fritz Lang estaba destinada a tropezar ya sistemáticamente con los nuevos productores, los censores, críticos y ligas puritanas, que habrían de limitar las posibilidades expresivas de tantos directores y actores cinematográficos, así como intelectuales y políticos de gran renombre, abatidos por la absurda y coercitiva coherencia doctrinal que impuso sobre la moral social de Estados Unidos el clima perquisitivo y antidemocrático del tristemente famoso Comité de Actividades Antiamericanas.



Decidido a abandonar el país que lo acogiera dos décadas anteriores, Fritz Lang vuelve finalmente a la nueva República Federal Alemana, para rodar a petición del productor Artur Brauner una nueva versión de "Das indische Grabmal" con su secuela "Der Tiger von Eschnapur" ("La tumba India" y "El tigre de Esnapur") cuyo guión escribiera Lang junto a su esposa Thea von Arbau en la realización alemana de 1921, dirigida por Joe May, dotadas de un viejo exotismo caduco que había propiciado la ayuda económica de la República de Weimar.








El intento de un envejecido Fritz Lang, que había abandonado su próspero refugio californiano, para reemprender una ya imposible nueva carrera en la cinematografía alemana con lo que se denominó "un retorno nostálgico a los orígenes de aquellos viejos seriales exóticos realizados en su juventud" (y al que volvió de nuevo en 1960 con una tercera versión "Journey to the lost city", con los mismos actores Debra Paget y Paul Hubschmid)  no se vieron recompensados por el éxito. Dichos films quedaron como piezas aisladas dentro de su filmografía que demostraban, no obstante, una desesperada voluntad de supervivencia de una cinematografía como la alemana de posguerra que se mostraba francamente enferma. Fritz Lang, como detectando la amenaza del resurgimiento neonazi, trataría de renacer literalmente de sus cenizas, resucitando su potencial expresionista a  uno de sus más viejos e inquietantes conocidos en "Die Tausend Augen des Dr. Mabuse" ("Los crímenes del Dr. Mabuse), también en 1960, su última película con un reparto totalmente inadecuado, que no hallaría ninguna repercusión (pese a ser defendida por la prestigiosa revista Cahiers du Cinéma) en la nueva Europa, y que revelaba hasta qué punto el nuevo cine alemán era un cine desarraigado, carente ya de personalidad u originalidad.












Muerte y testamento.











Tras su regreso a California, acometido por una incipiente ceguera, Fritz Lang moriría el 2 de agosto de 1976 en Beverly Hills, siendo inhumado en el cementerio Forest Lawn de Los Ángeles. 


La complejidad personalísima de Fritz Lang, sus indiscutibles e inolvidables meditaciones sobre los grandes temas de la culpa y el destino emergen de forma ejemplar y escalofriante en las 22 películas americanas que dirigió entre 1936-1956: "Fury", "You only live once", "Man hunt", "Hangmen also die", la súper estelar "Inception", "The woman in the window", "Scarlet street", "Cloak and Dagger", "Secret beyond the door", "House by the river", "Clash by night", "The blue gardenia", "The big heat", "Human desire", "Moonfleet", entre las más destacadas.















Siempre resultará peligroso confundir la grandiosidad con la grandeza, lo mismo que el arte no puede existir sin artistas. A través, pues, de estas máximas resulta imposible negarle al  Fritz Lang su importancia histórica en la gran fábrica de sueños que es el Séptimo Arte. Su sensacional revolución expresiva se bate así en todos los campos que abastecen la cinematografía. El expresionismo, como se ha considerado por todas las críticas mundiales, más que una escuela, es una actitud estética que pudo conducir a directores como Lang hasta las formas más primitivas del arte aborigen, esta vez plasmada en el celuloide. Antes de que el expresionismo irrumpiese en los cenáculos alemanes de la anteguerra, los genios torturados de Goya y de Van Gogh ya habían aportado a la pintura europea, en siglos anteriores, la materialización del drama interior a través de formas y colores. Y no es casual, por ello mismo, que la estética expresionista solicitase también, aunque fuera en escasas ocasiones, con cierta preferencia sus temas de los arcanos de la fantasía aventurera. "Moonfleet", en manos de Lang, se hará en consecuencia tributaria sublime de esos nuevos recursos estilísticos. La novela de J. Meade Falkner, en su versión fílmica, pasa así a convetirse en una manifestación artística pletórica de posibilidades, capaz de abrir una nueva dimensión imaginativa pictórico-escenográfica, entre decorados sorprendentes, medios expresivos de vivos reflejos arrancados a una cotidianeidad que tan sólo pueden brindarnos las novelas fantásticas centradas en un pasado no muy lejano, que se puede imponer a la simplicidad argumental de su origen, y quebrar los cánones teatralizantes de la literatura, señalando con mano maestra, por medio de imágenes de un sugestivo refinamiento plástico, casi el paso del mundo real al ultrarreal. Esta vez el que nos imponen las correrías aventureras, pero impulsados por la estética expresionista de Fritz Lang. Es por ello que, al mismo tiempo, ya acentuado el extremismo de las soluciones formales, se consigue dar una vida casi epopéyica a un relato de aventuras que pasa a ser perfectamente realista, y alcanza dimensiones alucinantes, fascinantemente integrados en la sólida veta de los relatos fantásticos. "Moonfleet" posee un aliento renovador que infunde cargas emocionales de todo signo: captación prodigiosa de imágenes, ejemplar sobriedad narrativa, una inspirada avalancha aventurera, una pureza épica sobre el estudio de la amistad, y un testimonio moral dentro de un decadente romanticismo de personajes envueltos en los complicados problemas de una época mundana aunque no menos pasional. Si a ello añadimos la solidez brillantísima de sus actores irrepetibles, de su director y una lección magistral del montaje, "Moonfleet" se transforma en un tierno, intenso, sobrecogedor y voluptuoso éxtasis cinematográfico. ¡¡¡Aventura mítica!!!

Miklós Rózsa vuelve de nuevo a perdurar en los grandes rotativos americanos que se fusionan en la constante temática de las tradiciones aventureras del Séptimo Arte. En toda la trayectoria de Rózsa existe, pues, una crónica artístico-musical casi siempre conjugada con el mayor de los éxitos. Varios Oscars avalan su andadura de eficacia tan sugestiva como la que significara el saber apropiarse, con sus epopeyas musicales, de cualquier línea dramática que siguiera el curso paralelo de la acción, añadiendo mil variaciones mejestuosas, sensibles y estimulantes sobre el tema elegido a fin de que sus expresivas composiciones ensalzaran cada imagen, envolviendo a sus héroes hasta convetirlos en mitos. Cada uno de sus sound-tracks constituyen, en consecuencia, una verdadera revelación de auténtico y fascinante prestigio. "Moonfleet" se enriquece de sus vertiginosos "mandamientos musicales", capaces de revalorizar ambientes y situaciones hasta formar un código de melodiosa y rítmica estética cinematográfica irrepetible. Los temas fantásticos de Miklós Rózsa, truculentos, pintorescos, emotivos y dramáticos forman así una estructura única entre la sucesión vertebrada de cada imagen de "Moonfleet": "Overture", "Foreward", "Letter of introduction", "The garden", "The summer", "Passepied, "The Cave", "Smugglers", "Hollingsbrooke", "The diamond", "Forsaken", "Crossroad", y "Finale".

 

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