domingo, 18 de septiembre de 2016

Proceso a Mariana Pineda -II Parte-

Interrogatorio a Mariana Pineda por el Rector Inquisitorial de la catedral de Granada, mientras un escribano anota  preguntas y respuestas: 
 














"(Rector de la Catedral): "Señora en el registro efectuado días pasados en su casa por la policía política se encontraron los siguientes libros y folletos: un tomo de Espinosa, "El Entendimiento Humano" de Locke, "Diccionario Filosófico" de Voltaire,  "Cartas Provinciales" de Pascal, "Diccionario Critico Burlesco" de Gallardo, "Coloquios" y "El Elogio a la Locura" de Erasmo, unos periódicos y folletos franceses de españoles emigrados a Gibraltar, tres números del  "Amigo del Pueblo" de Marat. ¿Pero ha leído toda esta porquería?" (Mariana lacónica) "Algo..." (Rector) "Estas son obras que figuran en el Índice. ¿Cómo han caído en sus manos?" (Mariana adoptando un tono cauteloso, fingidamente despreocupado, ante el firme ataque de que la hace objeto el Rector) "Los dejaron en mi casa en depósito cuando detuvieron a mi tío Pedro" (Rector) "¿Quién es su tío Pedro?..." (Mariana) "García de la Serrana"... "¡Ah!" (exclama el Rector, mientras la joven explica) "... Y algunos de ellos serían de mi difunto esposo"... (El Rector vuelve a la carga) "¿Ha escrito usted estas notas marginales?..." (Mariana displicente) "No sé a que se refiere"... (Rector) "Acérquese y compruébelo"... (Mariana se levanta enérgicamente y se dirige hacia los escritos allí amontonados. En aquel momento entra en la capilla catedralicia donde está siendo interrogada la sospechosa Ramón Pedrosa Andrade, alcalde del crimen y jefe de la policía absolutista de Granada, obsesionado con vincular a la joven y atractiva viuda con la subrepticia Causa Liberal que se anda fraguando en toda Andalucía. Mariana lanza una ligera ojeada sobre los libros y folletos cuya pertenencia le ha reprochado el Rector. Los ojea y responde, mientras observa un instante la llegada de Pedrosa) "No, no he sido yo" (Rector a la joven) "Siéntese,... hay faena para rato" (Mariana vuelve a su banco, pero antes de tomar asiento lanza una mirada furibunda y desafiante al Alcalde del Crimen. El Rector vuelve a la carga, ahora bajo la mirada interesada y satisfecha de Pedrosa) "¿Señora, sabe usted lo que significa la lectura de estas cosas?"... "¡No!" (responde Mariana con un tono hostil) (Rector) "¿Sus amigos liberales le aconsejaron la lectura de estos libros?" (La joven Mariana se muestra impulsiva y desafiante) "Tengo amigos de todas las creencias y no creo que sea necesario ser liberal para leer libros" (Rector) "Estos libros están prohibidos. ¿Tampoco le animaba a leer estas cosas el presbítero García de la Serrana? (Mariana lanza una negativa furibunda) "¡¡No!!" (Rector, ironizando detestablemente) "Dígame, ¿cree que estos libros debe leerlos un cristiano?" (Mariana levanta su rostro y responde con un profundo destello mecánico de auténtica y profunda conciencia liberal) "Una cosa es leerlos y otra sentirlos. Pienso que cada persona debe ser responsable de sus actos" (El Rector contradice) "No, si comete pecado para la excomunión". (Mariana vuelve su rostro conteniendo su indignación frente a las diatribas absurdas del Rector, que vuelve a inquirir) "Dígame, ¿cree que estos libros deberían tener licencia para publicarse? (Mariana cumple con su contenida y trascendente aquiescencia liberal como si estuviese ya bajo un destino culpabilizador que se hubiese apoderado ya definitivamente de ella, y no duda en expresar un deseo de esplendor misterioso y potente que la convierte en un nuevo ser pasional, resplandeciente y magníficamente abierto a una inquebrantable libertad de expresión) "¡¡No sé si es bueno la censura de publicaciones (Mariana, poseída por este duro contacto con tan infame realidad como la que se ejerce y somete al  pueblo español el absolutismo policial y clerical, vuelve su rostro hacia la no menos prepotente mirada triunfante que le dirige Pedrosa, y le lanza una rápida ojeada con la tensión brillante que conlleva su desprecio hacia él, y alza su voz mientras sigue respondiendo encendida y radiante) ... no sé si es bueno el silencio que se guarda, y no sé si es bueno que su majestad el rey haya ordenado cerrar las universidades!! (Pedrosa se muestra asombrado e insatisfecho, y se dirige hacia el escribano) "¡Por favor, no escriba esa contestación!" (El Rector dirige una mirada de aquiescencia al escribano e inquiere desafiante) "¿Cree que las decisiones de su majestad y de su gobierno no son acertadas?" (Mariana como atrapada en un remolino de emocional consistencia y libre albedrío se siente cada vez más proclive a demostrar su deseo insondable en defensa de la libertad. y frente a sus enemigos, con esa belleza indescriptiblemente fogosa que le confiere la conmoción de saberse  portadora y clara defensora de una verdad incontrastable, exclama) "¡¡Creo que son mucho más importantes las universidades que abrir escuelas de tauromaquia y enseñar a bordar a los españoles!!" (Pedrosa vivamente trastornado, grita de nuevo al escribano) "¡No aporte esa respuesta!" (El Rector vuelve a hacer un gesto de aprobación al escribano, y Mariana se revuelve esta vez como si fuera ella el ave de presa  que se lanza sobre sus víctimas) "¿Y por qué no, señor Pedrosa? ¡¡Se me ha pedido una opinión!!" (El alcalde del crimen, ahora con su característica sorna policial y hegemónica se acerca hasta donde se halla sentada Mariana y le dice) "Señora, la sinceridad es bella, pero la diplomacia es un arte"... (El Rector reanuda su interrogatorio con la insensibilidad y omnipotencia clerical que le concede la Inquisición y desliza  rápido y enfebrecido sus nuevos reproches) "Ya que estos libros fueron encontrados en su casa en un registro efectuado por otras causas, y como ha manifestado que nada tiene que ver con las notas marginales, ¡aunque la mayoría (alza la voz el Rector) son inaceptables y burlescas con temas religiosos!, la eximo de toda responsabilidad. Por mi parte no haré más preguntas. Si el señor Alcalde del Crimen quiere hacer alguna a doña Mariana..." (Pedrosa, sonríe y responde) "No, gracias, no haré ninguna pregunta" (La voz de Mariana vuelve a brotar tensa) "Entonces, ¿puedo irme?" (El Rector contrariado) "Por mi parte, sí" (Mariana se alza del banco  de acusada e inquiere a Pedrosa) "¿Seguirán sus agentes en mi domicilio?" (Pedrosa se acerca a ella y responde tajante) "No"... (Mariana le ofrece su mano enguantada y Pedrosa la besa como demostrando un respeto natural pero insincero) "Buenos días, Mariana" (Ella no puede dejar de mostrar su displicencia, pero contesta con obligada cortesía) "Buenos días" (Y tras lanzar una fugaz mirada de reproche hacia el Rector, se va precipitadamente, tratando de ocultar su indignación por el interrogatorio a que ha sido sometida. El Rector se dirige a Pedrosa y dice) "Estoy convencido, esta mujer carece de interés. Pienso que sus amigos los constitucionalistas podrían estar utilizándola" (Pedrosa no se muestra tan persuadido, y no excluye de la respuesta el toque de responsabilidad policial y conjeturadora que le confiere su potestad) "Podría ser así, pero su complicidad sería evidente. No he conseguido probar en cinco años la intervención política de Mariana Pineda en algo" (El Rector se muestra ahora inesperadamente sarcástico) "No será que ve usted liberales por todas partes"...[Proceso Mariana Pineda Capítulo 3 Parte 1 - YouTube]


PEPA FLORES se convierte en MARIANA PINEDA, gran proyecto televisivo de RAFAEL MORENO ALBA
No hay que descartar el hecho de que cuando Pepa Flores [ex-Marisol-Málaga 4 de febrero 1948-] se decidió a encarnar a Mariana Pineda [la gran heroína granadina que no dudó en luchar contra el absolutismo de Fernando VII y entregar su vida por la causa de la Libertad] para la serie televisiva que iba a dirigir en 1985  Rafael Moreno Alba, y cuyo rodaje se iba a iniciar a partir de Marzo de 1984 con un presupuesto cercano a los 150 millones de pesetas -cifra descomunal para los años 80-, le movió una especie de trance espiritual que habría de someterla a un sentimiento de pureza interpretativa tan modélica como extraordinaria, tan inesperada como deseable,  capaz de desbordar su arquetipo de "niña prodigio", bailarina, y gran cantante, con el  que jugó su papel de ídolo infantil en la década de los 60 sin entender nada del verdadero mundo que la rodeaba.

Y que, tras parecer abrazar de nuevo su adolescencia con un éxtasis escalofriante de nueva "vamp" hispánica, a partir de la década de los 70, desnudando su  impactante belleza juvenil para revistas potenciadoras del mito crematístico como "Intervieu", aceptó la más valiente de las propuestas: una retirada casi definitiva de aquella dulzona mojigatería autocomplaciente con que recorriera las pantallas españolas y la televisión durante las mencionadas décadas de los 60 y 70, con subproductos cinematográficos y programas de "show-bussines" que, como ya se indicó,  la convirtieron en la primera "reina infantil" del peor cine sentimentaloide y folklorista español y de una programación televisiva reiterativa y mediocre.



















¡AQUELLA MARISO!

 


Marisol, dada su corta edad, manipulada por productoras cinematográficas sin escrúpulos, se erigió sin pretenderlo, en ídolo máximo de un tiempo al que tutelara una inevitable identidad de "prodigiosa y ternurista actriz infantil", que, por desgracia, tuvo que soportar un centelleante adocenamiento y una insufrible entidad de paupérrimos espectáculos lacrimógenos-musicales, cuyos prototipos, al igual que sucediera en los felices años 30 hollywoodenses con la muy similar "child-prodigy" que fue Shirley Temple, volvieron a verse inflamados por el fervor un tanto vulgar del público (esta vez en la aparatosa España franquista). Una  inacabable Dictadura político-social alentada por el poderoso fuego de su censura, de un costumbrismo hispánico paradójico y manido, de una publicidad artística detestable que siempre hiciera hincapié en sus mojigatas moralinas sociales, excesivamente maltratadas por el más trivial de los ternurismos, y que encajó  perfectamente entre los tópicos carpetovetónicos de la maltratada Península Ibérica en poder del Dictador.

CONVERSACIONES SOBRE EL CINE ESPAÑOL EN SALAMANCA

Así se atrevieron a manifestarlo, exponiéndose a los peligros intolerantes del malhadado Régimen franquista, los geniales Basilio Martín Patino y Juan Antonio Bardem (con la asistencia de actores famosos y controvertidos como Fernando Fernán Gómez) en las famosas jornadas que dieron lugar a "Las primeras conversaciones sobre el Cine Español" de Salamanca [14 al 19 de mayo de 1955]: "El cine español vive aislado; aislado no sólo del mundo, sino de nuestra propia realidad. Cuando el cine de todos los países concentra su interés en los problemas que la realidad plantea cada día, sirviendo así a una esencial misión de testimonio, el cine español continúa cultivando tópicos conocidos. El cine español es: Políticamente ineficaz. Socialmente falso. Intelectualmente ínfimo. Estéticamente nulo. Industrialmente raquítico”.


A esta consolidación pionera de la niña Marisol, le seguirían casi al mismo tiempo el ruiseñor-cantor Joselito o el edulcorado primer estilo pop de Rocío Dúrcal, cuyas películas también tuvieron su clientela asegurada. Y hoy, como cine de folletinescas nostalgias populares y debido a sus constantes pases televisivos, soportan un recuerdo involuntario sobre los elementos indefendibles de aquella cinematografía subdesarrollada, edulcorada con cantes folklóricos y ficciones sentimentaloides, que proliferaron y se enriquecieron con el tacticismo mercantilista que supuso el "taquillazo" para avispadas productoras de la época como Argos S.L., Ultra Films y Suevia Films.


La nueva Marisol, que casi acabó devorada por su propia fama, se transformó así en el "mito que se desvaneció", cuando, finalmente, Pepa Flores se decidió a enterrar a Marisol. Sus films de infancia, pese al éxito comercial y los buenos dividendos con que llenaron sus arcas los nefastos productores cinematográficos Manuel Goyanes y Benito Perojo, llegaron a convertirse para ella en una experiencia personal destructiva. El "love story" de la prodigiosa y encantadora niña Marisol tras la pantalla grande y ante el desconocimiento de un público que la encumbró con su asistencia masiva a las salas cinematográficas, supuso un enfrentamiento constante con las exigencias y paradojas especuladoras de un arte tan poco generoso y corrupto como es el cinematográfico. Las excepcionales circunstancias de su éxito la sometieron a férreos controles de una degradante estética artístico-infantil calcada del cine yanqui más rancio y pueril, tan indefendible como caduco, y cuyo análisis crítico, hoy, frente al televisor, podemos catalogar de catastrófico aunque fructífero para el afamado "Box-Office", con sus recaudaciones millonarias.




EL RETORNO DE PEPA FLORES [EX-MARISOL]
No obstante, pasado el tiempo, Pepa Flores se recicló, ya no tan sólo como gran actriz adulta (como bien demostrado quedó en 1977 tras su conmovedora y exquisita interpretación en la inolvidable Los días del pasado de Mario Camus), por medio de emocionantes reflexiones en su nueva vida pública y ya efímeramente artísticas,  frente a  los disparates dolorosos de su afamado tiempo infantil y adolescente, que amenazaban trocarse en mortificadoras vivencias de un pasado cinematográfico ahora irreconciliable con su nuevo y potencial presente, al que había que arrinconar en la más necesaria de las lejanías artísticas. Y ahí estuvo el genio sin duda, en la triunfal reivindicación de una flamante actitud social lúcida y apasionante por lo inesperada de nuestra gran Pepa Flores, porque al convertirse -fugazmente por desgracia- en una indiscutible gran estrella, y reinventarse en una insólita asimilación del arte interpretativo como actriz asombrosa y de un talento desbordante, logró superar también -pese a su espléndida categoría como cantante-, "la estupidez de lamentar" los desentonados y ternuristas clichés folklóricos y pseudoartísticos que la convirtieron en el epicentro de un traumático triunfalismo cinematográfico enriquecedor de ávidas y mediocres productoras españolas.




Rafael Moreno Alba (Madrid 1942-Madrid 2000)

Movido desde muy joven por el deseo y la aspiración artística, no dudó en abandonar sus estudios de Derecho y Marino Mercante para integrarse en la cinematografía española como guionista y ayudante de dirección. Muy pronto, como joven realizador, logra dirigir su primer largometraje en 1969 titulado "Gallos de pelea" con Simón Andreu, una coproducción con Túnez, film de acción en la que retrataría a un grupo de soldados mercenarios que conduce a través del desierto un cargamento de municiones y armas con la pretensión de luchar y salvar su país. Realizada artesanalmente y con actores tunecinos y europeos prácticamente desconocidos, la película resultó una aventura intrascendente que no obtuvo el menor respaldo publicitario y fracasó en taquilla.

En 1971 rueda "Las melancólicas", contando esta vez con actores de mayor valía como Francisco Rabal, Analía Gadé, Espartaco Santoni, María Asquerino y Pilar Bardem, Moreno Alba, tratando de prefigurarse en la por entonces estética tan en boga de filmes de terror y exorcismos (que culminaría con la eclosión del impresionante éxito como fue en 1973 la película norteamericana "El Exorcista" de William Friedkin). Y pese a sus imágenes un tanto retóricas, exageradamente altisonantes, aunque movido por cierto estilo expresionista y la preocupación existencialista por los casos de alienación psicológica, aporta con "Las melancólicas" una cierta notoriedad interesante y original. Dicho film fue también uno de los primeros en plantear los malabarismos de las dobles versiones. Y en contradicción con la vieja moral de la "castísima censura española", abordó, en su versión para Europa, la liberación de las presiones comerciales hispanas presentando los primeros desnudos femeninos que fueron acometidos en el film sin ambages prohibitivos. No obstante,  la vetada versión europea, estrenada por equivocación en 1972 en Santiago de Compostela, provocó un enorme y morboso revuelo, que, una vez extensamente publicitado, se vio compensado, como no podía ser de otra manera, con un mayor índice de asistencia de público a las salas comerciales.

En 1975 acomete una de sus películas más complejas "Pepita Jiménez", que aporta como novedad la contratación de actores británicos tan famosos como Stanley Baker y la exitosa (tras "Ryan's, daughter" de David Lean en 1970) Sarah Miles. La famosa obra epistolar de Juan Valera es plasmada por Moreno Alba de forma realista, con imágenes de un criticismo castizo con sordina, a veces excesivamente intimista, aunque sin estridencias por parte de su protagonista inglesa, y con imágenes de cierta reminiscencia lorquiana, que se insertan adecuadamente a ese mundo de conflictos sentimentales y desequilibrador de sexos, veraces y exageradamente intolerantes de la Andalucía decimonónica que retrata la novela. Su estreno en toda Europa fue acogido relativamente en taquilla.

Con "Pepita Jiménez" Moreno Alba consigue acogerse a una incipiente floración de efímera fama, que continuaría, aunque nuevamente con escasa aceptación de público, en sus siguiente realización "Mis relaciones con Ana", 1979.








"Pasos Largos" de 1986  fue una ambiciosa pero fallida visión del último bandolero andaluz de la serranía de Ronda, asesinado en 1936 por la guardia civil, y que encarnó notablemente el hoy olvidado Tony Isbert. Su última y mejor película para la pantalla grande sería "El beso del sueño", 1992, interpretada por Maribel Verdú y un sensacional Juan Diego que ganó el Colón de Oro en el Festival de Cine Iberoamericano de Huelva en 1993.



Abocándose de forma decisiva hacia los nuevos medios narrativos que imponía la televisión, tras sus trabajos en la pantalla grande, Moreno Alba y otros muchos realizadores españoles, tratarían de perfeccionar en parte las limitaciones con que se enfrentaban los dos artísticos pero antitéticos polos que componían el cinematográfico y el televisivo. Las recién llegadas grandes series de la pantalla pequeña eran ya acogidas por millones de espectadores en sus hogares, abriéndole definitivamente las puertas a estas nuevas posibilidades de la imagen convertidas de pronto en un inesperado renacimiento artístico.Y aunque el cine y televisión no podrán nunca dejar de debatirse entre dos caminos realmente antagónicos [no era posible pasar por alto las obligadas elaboraciones un tanto artificiosas, e incluso de patentes trucajes teatrales, con que los estudios de televisión no lograban imprimir a sus producciones primerizas los fascinantes recursos de espectacularidad que siempre deberemos al Séptimo Arte), los espectadores de todo el mundo estaban ya asistiendo, como ya se indicó, a una gran simbiosis superadora de esta nueva y prometedora forma expresiva expuesta en la pantalla pequeña, y que empezaba a mover, con amplísimo ingenio, perspectivas de asombroso perfeccionismo en lo que a espectáculo popular se refería, toda la historia del cine.


"FORTUNATA Y JACINTA"

Este encuentro daría en España como fruto joyas del calibre de "Fortunata y Jacinta", 1980, -Premio Ondas Nacional de Televisión- Premio TP de Oro a  la Mejor Serie y a Ana Belén, que además recibiría el Fotogramas de Plata-, adaptación modélica e insuperable en 10 capítulos de la excepcional novela de Don Benito Pérez Galdós, favorecida por un fascinante reparto actoral de primera magnitud [capaces como nunca se había visto en espectáculo alguno de la pantalla de un televisor de infundir cargas emocionales irrepetibles al febril y majestuoso clima colectivo que animaran las vivencias de los sublimes personajes novelísticos creados por el genio de Galdós], y compuesto [en verdadero estado de gracia] por Ana Belén, Maribel Martín, Fernando Fernán Gómez, Francisco Rabal, Charo López, el francés François Eric-Gendron, María Luisa Ponte, Mario Pardo, Francisco Algora, Berta Riaza, Manuel Zarzo, Mary Carrillo y un efímero y gran descubrimiento juvenil como fue Cristina Torres, entre otros muchos más y muy notables profesionales de la cinematografía española. Y así, con un presupuesto astronómico de 160 millones de pesetas y una portentosa dirección de uno de los más epidérmicos y brillantes de nuestros directores, Mario Camus, "Fortunata y Jacinta" se convirtió en un auténtico apogeo cinematográfico-televisivo. Fue una mayestática estructura de una vertebrada sucesión de esplendorosos capítulos que, perfectamente ambientados en la última mitad del siglo XIX, se transformarían en una señorial estampa del mejor naturalismo artístico, capaz, como jamás había sucedido en los medios televisivos españoles, de asociar la cantera temática popular de uno de los más soberbios melodramas novelísticos, en este caso la fascinante novela del gran genio Don Benito Pérez Galdós, a una portentosa obra, esta vez plena de todos los valores enriquecedores del mejor cine, [incluida la extraordinaria banda sonora del compositor Antón García Abril], y perfectamente adaptable al más recio paladar del pueblo o al más exigente de los públicos televisivos. Y que, además, se visionó en todas las televisiones europeas con un éxito apoteósico.

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Y en este apartado nos hallaremos también con nuevas series tan sugestivas e inolvidables como la superproducción "Teresa de Jesús", 1984, dirigida por Josefina Molina, que realizó con esta serie de 8 capítulos una de sus obras más ambiciosas y artísticamente perfectas, interpretada por una gigantesca Concha Velasco, verdaderamente insólita, capaz de ensanchar, como nunca había hecho, el horizonte de su sobrecogedora genialidad interpretativa -premiada con la Antena de Oro, el Fotogramas de Plata  y junto con la serie con 2 TP de Oro-, y a la que acompañó un elenco de actores y actrices no menos insustituibles como Francisco Rabal, María Massip, Hector Alterio, Emilio Gutiérrez Caba, Magüi Mira, Silvia Munt, Tony Isbert, Lina Canalejas y Patricia Adriani. Y a cuya excelencias artísticas habría que añadir la espectacular y sugestiva banda sonora de nuestro vital, sensitivo y ovacionado compositor español -el primero que obtuvo el Premio Nacional de Cinematografía año 2000- José Nieto.

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"Los Pazos de Ulloa", 1985 -premio TP de Oro a la Mejor Serie Nacional-, de Doña Emilia Pardo Bazán, 4 episodios dirigidos por el controvertido y no menos genial Gonzalo Suárez, con intérpretes de la categoría de José Luis Gómez, Fernando Rey, Charo López -premio a la mejor actriz TP de Oro-, el italiano Omero Antonutti y Victoria Abril.




"Los jinetes del Alba", 1991, 5 episodios que en manos del prestigioso Vicente Aranda, se convertirían en una ingente aportación espectacular ambientada en los años previos al inicio de nuestra Guerra Civil, basada en la homónima novela de Jesús Fernández Santos, y que contó, además de con un presupuesto de 500 millones de pesetas, y con 3 actores que ya habían ejercido gran influencia en la vasta obra cinematográfica de Aranda para la pantalla grande, como Jorge Sanz, Maribel Verdú y Victoria Abril, a los que habría que añadir los sensacionales Fernando Guillén y la actriz argentina Gabriela Borges.



Queda ya así constatada la complejidad artística y social del fenómeno de las series televisivas en el campo de la cultura de masas [cuya génesis, apasionante y compleja, de nueva  técnica difusora de la imagen para un público doméstico que no se veía obligado a agolparse en las salas de proyección al uso, vivió, no obstante, un ejemplarizante florecimiento tan rico y vertiginoso como el cine de pantalla grande, y cuya larga etapa artística hemos tenido que resumir como una vaga referencia de la memoria televisiva, dada su voluminosa producción y el esfuerzo que todavía mantiene la pequeña pantalla para sostener, con sus eventuales reposiciones, la posición conquistada por las mismas durante las últimas décadas -obviando al mismo tiempo el establecer balances de lo bueno y de lo malo que entraña la indiscriminada mezcolanza de las mismas-). Y a través del rígido armazón que componen los intereses  financieros y comerciales, hemos podido evidenciar como una gran parte de magníficos realizadores y, muy en especial productores, sufragando dichas series con ingentes costos impensables para la época en que se filmaron, se dispusieron a aceptar la nueva aventura artística que por medio de la televisión, en sus principios, parecía tener que oponerse a la auténtica naturaleza del cine en pantalla grande. Pero necesariamente, como no podía ser de otra manera, se impuso el fenómeno cambiante obligado a seguir sin remedio la dialéctica del progreso. Y, por fortuna, en ningún momento la nueva pincelada artística de la imagen en televisión [especialmente las grandes obras aquí constatadas] significó esa "muerte química" del Séptimo Arte como muchos críticos, decisivos a la hora de establecer los balances que ya se indicaron ante el proceso creativo de tan flamante cultura visual, vaticinaron equivocadamente.

"LOS GOZOS Y LAS SOMBRAS"
















Rafael Moreno Alba fallecería en Madrid a los 58 años, cuando trabajaba todavía en varios proyectos, entre ellos el rodaje de una serie sobre Miguel Hernández. Su irregular carrera como director cinematográfico en la pantalla grande, pese a no haberle ofrendado demasiadas satisfacciones, le valieron, no obstante, para acumular un importante bagaje de conocimientos artísticos que le incitaron a la búsqueda de nuevas estructuras narrativas. Su salto definitivo a la televisión como nueva clave expresiva de su segunda faceta como director de cine se produjo  entre 1981 y 1982, cuando TVE y el productor Jesús Navascués, con un ingente e inimaginable presupuesto, propusieron a Moreno Alba la dirección de la espectacular novela homónima de autor gallego Gonzalo Torrente Ballester "Los gozos y las sombras", [auténtico fenómeno literario tras su publicación en 1957] ambientada en Galicia en los últimos años de la Segunda República Española. La serie, de 13 episodios, que fue supervisada por el propio autor de la novela, marcó uno de los más colosales hitos de la producción televisiva en España, y fue exportada y emitida con impactante éxito en numerosos países europeos y naciones latinoamericanas, especialmente en Uruguay y Argentina, donde los espectadores realzaron con su entusiasmo ante la pequeña pantalla el monumentalismo artístico con que Moreno Alba supo rehuir con una precisión descriptiva admirable y una vitalidad que todavía hoy nos asombra la peligrosa arquitectura convencional del melodrama. Elegida por los miembros de la Academia de las Ciencias y las Artes de Televisión (ATV) como una de las mejores producciones españolas de la historia de la televisión. Y en junio de 2008 fue proclamada por votación de los internautas como la primera serie completa del archivo histórico de TVE.



Las inquietudes solitarias del personaje masculino Carlos Deza -Eusebio Poncela-, último de la estirpe de los Churruchaos, que mandó en la imaginaria villa de Pueblanueva del Conde, desde tiempo inmemorial, se ve en el pueblo, tras su reciente llegada, como la última posibilidad de discutir la supremacía a Cayetano Salgado -Carlos Larrañaga-, nuevo amo y cacique indiscutible de Pueblanueva, que la ejerce con la impunidad que le proporciona su poder económico. Deza alienta, no obstante, con su atractivo misterioso y un tanto misántropo, la tentación absorbente del deseo entre el complejo acervo cultural de la caciquil Galicia, capaz de causar enormes e irreparables estragos entre la ineludible confrontación de las clases sociales en las olvidadas tierras de esa España profunda, intolerante y retrógrada. Se barajan, pues, los ambientes opulentos y los más humildes; y la fugacidad seductora de los cánones femeninos más sumisos del pueblo llano como el de la sensual y oportunista campesina Rosario "La Galana"-Rosalía Dans-, que se opone, con su entrega libidinosa y libre a la desbordante extroversión psicológica, no menos pasional pero más precavida de su principal y vital protagonista femenina, Clara Aldán. Al encadenado de retratos, costumbres, problemas cotidianos e implicaciones sexuales en que se ven inmersos los citados personajes, al que se añade esa especie de panteísmo prosopopéyico  del bohemio Paquito -Manuel Galiana-, y de la moralmente aniquilada, dado su amor por un sacerdote, Inés Aldán -Isabel Mestres-, se une también el vértigo opositor de los viejos dueños de las tierras y de parte de la antigua flota pesquera que, como la bien matizada grandeza altruista de Doña Mariana Sarmiento -Amparo Rivelles-, enemiga declarada de Cayetano Salgado, no acepta la moderna industria de los astilleros que deberá ceder paso a los nuevos señores del dinero. De igual forma, se ilustra ejemplarmente la actuación política de Juan Aldán -Santiago Ramos- quien no oculta en ningún momento su simpatía por la causa socialista,  y como extraordinario personaje individualizado y portador de ideas revolucionarias, tampoco accederá jamás a convertirse en un pelele al servicio de los intereses caciquiles del abyecto y libertino Salgado, en el cual confluye el gran retablo social del odio más profundo, no tan sólo por parte de Doña Mariana Sarmiento y de Juan Aldán, sino de la casi totalidad de hombres y mujeres de Pueblanueva, entre los que también se encuentra el despechado Don Baldomero -Rafael Alonso-, objeto del frívolo sarcasmo de Salgado, seductor de su enfermiza esposa Lucía -Verónica Luján-. Y como imagen-símbolo de esa flamante sociedad llegada de la gran ciudad, con su insufrible convención aristócrática, que tampoco hallará cabida en Pueblanueva del Conde, aparecerá la polémica intrusión de la puritana, afectada y presuntuosa heredera Germaine -Carmen Roldán-. "Los gozos y las sombras" ilustra la técnica de las acciones paralelas, orquestando magistralmente el relato individual de sus protagonistas y sus impetuosos conflictos dialécticos, hasta convertirlo, finalmente, en un grandiosa, modélica e inolvidable trama colectiva, a la que se une el maravilloso realismo de sus imágenes y la intención analítica de un país en descomposición sobre el que ya se ciernen los negros y apocalípticos nubarrones de una nueva e inevitable tragedia como la que significó la Guerra Civil.


Charo López: "Esta serie me dio la vida" 




Tras su interpreación de Clara Aldán, Charo López concedió una entrevista sobre el rodaje de "Los Gozos y las sombras", ejemplo como ella mismo indicó de que "la televisión, si se quiere, se puede hacer de forma extraordinaria".


-¿Qué pensó cuando le llegó por primera vez el guión?

Charo López: En ese momento yo tenía un contrato en Austria para rodar una película, "Ánima". No tenía el guión todavía, tenía la trilogía de Torrente Ballester, y me la llevé allí. Me pasé los tres meses leyendo y releyendo la trilogía. El día que volví a Madrid tenía un mensaje de los productores: "Esta noche estamos cenando en tal sitio, si llegas a tiempo el papel es para ti, si no, mañana empezamos a buscar otras actrices". Así que dejé la maleta y tal y como estaba me presenté en el restaurante y dije "¿dónde hay que firmar?"

-¿Qué supuso para usted el papel, tanto desde el punto de vista profesional como desde el personal?

Charo López: Profesionalmente yo estaba en un momento un poco difícil. Empezaba a tener ya algunos años de más, ya no podía hacer de chica joven e ingenua que se enamora, porque aparte de esto siempre he sido muy grandona, y también era muy joven para hacer papeles de mayor. Y, por otra parte, sentimentalmente, me encontraba en una mala época, había terminado con una historia de amor y estaba muy triste. En ese sentido, esta serie me dio la vida. Porque además pude interpretarla con un estado de ánimo que tenía yo, un estado de ánimo de profunda tristeza, que es como está siempre Clara Aldán, con unos conflictos de ánimo y personalidad muy grandes. Así que para mí lo fue todo. A partir de ahí, tuve lo que yo llamo un éxito, que no es que te conozcan mucho, que no es que seas famosa, tener un éxito es cuando el público se enamora de un personaje y esa fascinación te la trasladan a ti. Ese éxito lo puedes tener de pequeñita, o en mitad de la carrera... pero sin ese éxito es como si no hubieras cristalizado como actriz. Eso es lo que supuso para mí la serie, que me tuvieran en cuenta para papeles importantes, tanto en teatro como en televisión.

-¿Cómo ve el personaje ahora con el tiempo que ha pasado?

Charo López: La veo un poco como la veía entonces. Clara es una perdedora, una belleza maldita, una mujer deseada por todos en el pueblo y especialmente por el cacique, que es el personaje que hacía Carlos Larrañaga. Pero ella no está dispuesta a entregarse físicamente porque quiere ser virgen, quiere ser virgen porque en el pueblo si deja de serlo sería algo terrible, sería una mancha imposible de superar, porque además ella es una mujer humilde. Ella es muy joven, muy guapa, tiene necesidad de tener una relación sexual, pero el negársela le hace sufrir y padecer mucho.

-¿Y qué nos dice del resto de personajes? 

Charo López: A mí me llamó la atención Carlos Larrañaga que estaba extraordinario como cacique sin escrúpulos. Pero todos estaban perfectos. Me enamoró el trabajo de Isabel Mestres y el trabajo de Amparo Rivelles, que estaba soberbia. Y luego ¿qué decir de las interpretaciones de Eusebio Poncela y Santiago Ramos? Estaban  excepcionales. Fue en realidad uno de los repartos más acertados que se recuerdan.






  -Una serie redonda

Charo López: Redonda, redonda.












-¿Qué recuerda con más cariño?


Charo López: Con más cariño recuerdo que en los ensayos el director me decía "haz esto así y así", y yo le decía "¿por qué no hacemos esto otro?" y él respondía "¡no!". Y entonces Torrente Ballester venía y me decía al oído "hazlo como tú has dicho". Era adorable don Gonzalo. No lo olvidaré nunca, nunca en mi vida. Y luego recuerdo también con cariño a  Amparo Rivelles, una actriz con enorme sabiduría y talento. Ella me vio un par de días descontenta con la ropa, y sé que tuvo una reunión de producción y pidió que me ayudaran en todo lo que se pudiera, que hacía un papel extraordinario y que tenía que trabajar a gusto. Jamás he hablado con ella de esto, pero me lo ha contado el equipo. Me ayudó mucho.

-¿Qué mensaje lanza al público, a los que repiten y a los que se estrenan?

Charo López: A los que van a repetir, no tengo nada que decirles, sé que si han visto la serie se van a volver a enganchar, si yo la vuelvo a ver me engancho, y mi madre, mis hermanos, porque es tan preciosa... Y a los que no la han visto, deben verla porque es un ejemplo de la televisión, extraordinaria, que se puede hacer si se quiere. Por supuesto con medios, con buenos actores, quizás cueste más, pero esta serie se ha visto en el mundo entero, y tiene un rigor literario muy serio. No hay concesiones, se habla de una época muy dura, donde el cacique dominaba la ciudad, ideológicamente es una serie comprometida, y no tengo la menor duda de que tendrán elementos para comparar la televisión de hoy con la televisión de entonces.
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